martes, 22 de noviembre de 2011

25N.No permitiremos que nuestras hijas nazcan esclavas


María, 8 años, crece en una familia en que la madre y la abuela no opinan en las discusiones sobre temas públicos o políticos. Cristina, 15 años, tiene que volver a casa antes que su hermano varón y disfruta de menos libertades que éste. Eva, 18 años, dedica gran parte de su tiempo libre a cuidar su imagen para agradar a su pareja. Belén, 25 años, con un sueldo inferior al de sus compañeros tiene que aguantar el acoso sexual de su jefe. Alicia, 35 años, compatibiliza su trabajo con el cuidado de la casa, los niños y los padres de su marido. Elisa, 38 años, es forzada sexualmente por su pareja. Laura, 40 años, ha aguantado la primera bofetada de su marido. Libertad, 42 años, otra mujer asesinada en un acto de violencia machista.

Seguramente si nos preguntaran qué nos viene a la cabeza al pensar en la expresión “violencia machista” o “violencia de género” muchas y muchos de nosotros daríamos una respuesta similar a la de los dos o tres últimos casos de la lista -aquí ficticios, pero no por ello irreales-. Se trata de casos que han ocupado las aperturas de los noticiarios con más audiencia y llenado las páginas de los periódicos más leídos. Como si de algo ajeno se tratara, a menudo tomamos relativa conciencia sobre estos hechos a través de titulares rimbombantes que nos los presentan como sucesos puntuales y totalmente desconectados de las realidades cotidianas. Frente a esto, otra lectura es posible.

Lejos de ser algo eventual y alejado, las palizas, violaciones y asesinatos contra mujeres con el único motivo -si es que puede ser llamado motivo- de su género constituyen solamente la punta del iceberg. Se erigen en la más contundente expresión de un sistema patriarcal que ejerce continuamente miles de violencias y agresiones hacia una generosa mitad de su población: la femenina. Es por ello que cabe decir que no sólo duelen los golpes, que no sólo los golpes son violencia. O lo que vendría a ser lo mismo, que el sistema patriarcal condiciona brutalmente tanto a las mujeres como esclavas/dominadas, como a los hombres como esclavizadores/dominantes, aunque no haya golpes.

Sin olvidar a todas aquellas mujeres que han sido asesinadas, violadas o torturadas; e incluso en el acto de recordarlas para evitar que se repita su misma historia, queremos denunciar hoy aquí las múltiples agresiones a que estamos sometidas diariamente todas las mujeres. Se trata de decir alto y claro de una vez que no son ni manías de unas pocas, ni pequeños hechos sin importancia, sino el origen de esas violencias que sí se leen en los periódicos. Queremos poner de relieve que esos pequeños gestos son el primer escalón de un continuo de violencias patriarcales de cuyo estadio más alto sí somos conscientes todas y todos.

En este sentido podríamos hablar de violencias y agresiones en todos o casi todos los ámbitos vitales de la mayoría de las mujeres. Este amplio abanico incluye las experiencias más cotidianas en todos los sentidos: desde la feminización del paro y las condiciones laborales precarias – agudizada además por la crisis del sistema capitalista-, el problema de la doble jornada laboral, hasta las microviolencias en pareja, pasando por los usos no inclusivos del lenguaje, la relegación de las mujeres a lo doméstico/privado con respecto a lo público -acentuada especialmente en aspectos como la desigual posesión de espacios como las calles o la nocturnidad o la inexistencia de una coeducación real-, y un larguísimo etcétera que haría alargar estas líneas hasta el infinito.

Un ejemplo a destacar de lo anterior, por ser especialmente ilustrativo, es el concerniente al derecho de las mujeres al control sobre el propio cuerpo. Supuestamente existe una ley garante de este derecho mediante el aborto, si bien no totalmente libre, sí completamente gratuito. Ahora bien, nos encontramos ante una realidad en que un gran número de mujeres castellanas se enfrenta a la denegación fáctica del derecho al aborto. En esta situación se encuentran las mujeres de Castilla sur que son externalizadas a clínicas privadas bajo el pretexto de la objeción de conciencia de los profesionales; una vez allí, las clínicas se niegan ejecutar el aborto de manera gratuita alegando el impago por parte de la seguridad social. En otros casos, como son las provincias de La Rioja, León, Salamanca, Segovia y Soria las usuarias son derivadas a otras provincias por los servicios públicos. En añadidura a lo anterior, las mujeres que finalmente deciden ejercer su derecho a la interrupción del embarazo son obligadas a leer ciertos documentos en contra de esta práctica.

Vemos en este ejemplo, como en cualquiera de los anteriores, una clara demostración de cómo un sinnúmero de agresiones contra una mujer por el hecho de ser mujer pueden tener perfecta cabida dentro de la normalidad de un sistema patriarcal. Nos encontramos ante la demostración de cómo agresiones de todo tipo – físicas, coercitivas, etc.- se insertan en lo que es legal y/o habitual para nuestra realidad social quedando invisibilizado su carácter violento y sexista.

Ante semejante situación creemos que ha llegado el momento de decir ¡basta! No queremos más mujeres muertas ni torturadas, ni tampoco humilladas, discriminadas ni relegadas. Y creemos también que ha llegado el momento de saber que podemos decir basta. De creernos de una vez que si ningún sistema de dominación ha conseguido mantenerse en el poder por la sola coacción, tampoco el patriarcado nos va a poder mantener atadas si nosotras nos levantamos. No existe opción digna de futuro que no pase por tomar nuestros cuerpos y nuestras vidas, nuestras calles y nuestros barrios. Ha llegado la hora de luchar, porque no vamos a tolerar ni una agresión más. ¡Nuestra yesca también arderá! Si Castilla no es feminista, tampoco podrá ser comunera.

Castilla en cifras:

En 2009 en toda Castilla 2.054 mujeres sufrieron delitos contra su libertad sexual. 33.329 fueron las denuncias interpuestas por violencia de género. Y 7 las mujeres asesinadas. Por desgracia estos datos no varían mucho de un año a otro.

En 2010 14 fueron las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. 10.271 fueron las órdenes de protección aprobadas, y 33.178 las denuncias presentadas por violencia de género.

Y en lo que va de año 2011 10 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. En el primer trimestre del año los datos que aparecen muestran 1605 las órdenes de protección aprobadas y 7879 las denuncias interpuestas por violencia de género.

Encontrar estos datos es relativamente complicado, pues estas informaciones no fluyen con normalidad. La no difusión de estos datos no es o no puede ser casual, sino la estrategia y vergüenza de los poderosos, a los cuáles no les interesa que el pueblo conozca las miserias del patriarcado en nuestro pueblo. Así como mencionar cuántas agresiones dentro de la violencia de género, no son denunciadas o incluso no son denunciables, así como cuántas no se consideran denuncias de violencia de género, como el caso de las denuncias de intento de violación computadas como agresiones comunes al no consumarse la agresión sexual.

Porque las mujeres, ellas, nosotras, somos pueblo, ¡NO PERMITIREMOS QUE NUESTRAS HIJAS NAZCAN ESCLAVAS!


Yesca, la juventud castellana y revolucionaria