viernes, 11 de enero de 2008

MARIA DE PACHECO: BIOGRAFIA DE UNA LUCHADORA


MARIA DE PACHECO: BIOGRAFIA DE UNA LUCHADORA.

LA LEONA DE CASTILLA



El caso de María de Pacheco no fue menos insigne y destacable que el de la biología holandesa. María, nació en el seno de una familia castellana nobiliar y de alta alcurnia, los Mondejar-Tendilla, en Granada ( su ciudad amada de la que llegó a decir que se sentía “ de Granada y de Toledo en su interior) en el año de 1496, una vez iniciado el proceso de unificación de su querida Castilla con la corona de Aragón y que fomentaron la unidad política (aunque no social) de la península ibérica. A pesar de ello, la unidad no era tal y como la querrían muchos de sus dirigentes, y bien se encargaría María de recordárselo años después. Hija de Iñigo López de Mendoza y Francisca Pacheco, el primer signo de diferencia con respecto a muchas mujeres de su época es que jamás llego a adoptar el apellido de los varones que pasaron por su vida, ni el de su padre (López Mendoza) ni el de su futuro esposo (Juan de Padilla) y siempre ha sido recordada por el apellido materno.



Este acto, ha sido interpretado de diversas formas, desde los que no han osado en decir que siempre tuvo una conciencia claramente feminista y se negó a plegarse a los designios e imposiciones de un mundo patriarcal que sometía y humillaba a las mujeres a que perdieran su identidad, hasta otros historiadores que afirman que tuvo el apellido López de Mendoza pero que lo cambió por el de su madre, con el objeto de no ser confundida con otras “María López de Mendoza”, hermanas suyas, que ya existían en la familia. Fuese como fuese, igualmente cabe destacar la osadía de esta mujer que no dudó en afirmar su identidad y peculiaridad tanto en su familia como en aquellos lugares donde dejó huella.



Así, María tampoco fue una muchacha corriente en su educación ya que, inmersos en un espíritu renacentista, recibió una educación acorde con los varones y desde luego muy diferente al papel que la sociedad guardaba a las mujeres, incluso en el tema de la instrucción. Mujer culta y muy instruida desde pequeña, recibió conocimientos de latín, griego, matemáticas, historia, geografía... lo que la permitió convertirse en una muchacha con unos conocimientos de la vida, del mundo y de la realidad política de Castilla de la que no gozaron la mayoría de las mujeres de su época (y tampoco muchos hombres).



Sin embargo y pese a todo, María era una mujer que vivía en una época concreta, el renacimiento, la edad moderna, lo que no la eximió de todos los convencionalismos de su época y , como todas las mujeres del momento, se vió obligada a casarse con apenas 14 años de edad, por decisión de su familia (ya hemos estudiado como se producían las alianzas matrimoniales en la época según pactos de familia sin intervención de los cónyuges) con un joven militar, Juan de Padilla que poseía rango muy inferior al de su condición nobiliar (otro elemento característico del periodo era que las mujeres casasen con varones de inferior rango para acercar posiciones y alianzas con otras familias súbditas). Ello, según todas las crónicas del periodo, no pareció haber gustado mucho a la joven castellana que mostró su disgusto y su desprecio un tiempo por su joven marido. Posteriormente, en 1518, y debido a la categoría de capitán de armas heredada de su padre, tiene que verse obligado a trasladarse desde Granada a Toledo, lugar donde le llevaría su nuevo cargo, y junto a el se trasladó su joven esposa María.



Una vez allí, María se convierte con el paso de los años , y tras la subida al trono de Castilla y Aragón de Carlos V de Alemania (hijo de Juana I de Castilla), y debido a su gran cultura e inteligencia aprendidas a lo largo de los años, en una de las mas firmes e insignes defensoras de los derechos y libertades de Castilla frente a la primacía imperial de Carlos V y sus partidarios realistas e imperiales.



Ello lo demostró cuando, tras los primeros alzamientos de las Comunidades castellanas, se sumó pronto a la guerra. Concretamente, en abril de 1520, se formó al mismo tiempo que en toda Castilla la Junta de Toledo, y posteriormente en julio de 1520 se crea en Ávila la Santa Junta del Reino de Castilla, encargando a Juan de Padilla el liderazgo del ejercito comunero, a lo cual María prestó todo su apoyo y colaboración desde los primeros momentos.



Sin embargo, resulta curioso que, a pesar de haber sido María de Pacheco la más valerosa y decidida comunera de los dos y de todo Toledo, haya sido su marido y otros toledanos los que hayan pasado a la historia de forma más heroica que ella, quizá por esos prejuicios patriarcales que siempre han dominado a quienes han escrito nuestra memoria histórica. De esta forma y una vez formada la Junta de Toledo, y la Santa Junta del Reino, la inercia de los acontecimientos llevan a Juan de Padilla a alejarse de Toledo para liderar en el resto de Castilla a los ejércitos comuneros.



Como es bien conocida la historia, una batalla tras otra, condujo al ejercito comunero comandado por Padilla hasta el pequeño pueblo vallisoletano de Villalar, donde se produjo el encuentro definitivo entre las tropas realistas de Carlos V y el ejercito comunero de Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, que el 23 de abril de 1521 fue definitivamente derrotado en esta villa. Como consecuencia, los tres lideres castellanos fueron decapitados unas horas después.



Mientras tanto, en ausencia de Juan de Padilla, María dePacheco no asumió ninguna posición de sometimiento y debilidad y , acorde con su ímpetu, lideró y gobernó ella sola la ciudad de Toledo hasta el 29 de marzo de 1521, momento en que se produjo la llegada ( y con ello, los roces y el co-gobierno) del líder comunero religioso Antonio de Acuña. Una vez se enteró de la ejecución de su marido y del ejercito comunero apenas un mes después en Villalar, María de Pacheco recayó en una profunda depresión y luto durante algún tiempo.Y es que, algo que no suelen contar las narraciones historiográficas es que, de la indiferencia y desprecio que sentía María por Juan cuando contrajo matrimonio obligado según la costumbre con él, fue pasando poco a poco a lo largo de los años a un cariño y amor que culminó con la entrada de Juan de Padilla en el liderazgo de la rebelión castellana en la que tanto y tan firmemente creía María de Pacheco.



Fue esta decisión y este acto de fe lo que definitivamente llevó a Maria a quedar profundamente enamorada de Juan y Juan de María al ver así mismo el ímpetu de su mujer.



Por ello, la derrota al mismo tiempo de su marido y de su causa sumió a Maria en un profundo dolor, lo cual no la impidió ( y de hecho, la impulsó) en seguir liderando el proceso comunero donde apenas aún quedaba rastro. De esta manera, y caídas las tropas comuneras en el norte de Castilla el 23 de abril y el centro de Castilla el 7 de mayo, apenas quedaban zonas de resistencia si no al sur de Castilla, que a diferencia del resto aún no había firmado su rendición y continuaba su lucha frente a las tropas imperiales de Carlos V.



De esta manera, desde mayo de 1521 a febrero de 1522, María de Pacheco mantuvo vivo en solitario, alentando con su esfuerzo a los toledanos, al último foco de resistencia comunera en Castilla, la ciudad de Toledo. Así pues, tras la huida de Antonio de Acuña, María volvió a quedar gobernando en solitario la ciudad, y exhortaba, a veces visceralmente a los toledanos a la resistencia durante 9 meses de asedios y combates por la ciudad.



A tal punto llego su decisión y arrojo que, cuenta la historia que entre septiembre y octubre de 1521 y debido al derrotismo de los toledanos, María de Pacheco incautó todos los cañones situados en el Alcázar, desde donde dirigía la resistencia, y ordenó apuntarlos todos contra la ciudad de Toledo, exhortando a sus paisanos a resistir a toda costa o ser bombardeados.



Sin embargo, la causa comunera militarmente ( aunque no política e ideológicamente) estaba ya perdida y las tropas realistas de Carlos V intensificaron a partir de septiembre el asedio, de forma que se hizo ya insoportable. Ello culminó el 3 de febrero de 1522 donde, tras organizar las últimas sublevaciones de resistencia, Toledo cae definitivamente en poder de las tropas imperiales y la rebelión comunera definitivamente liquidada.Tras ello, María de Pacheco, perseguida por la justicia imperial de Carlos V logró refugiarse con sus hijos en la ciudad portuguesa de Oporto donde vive de la mendicidad en condiciones muy lamentables, negándose a recibir puestos de sus familiares en dicha ciudad, debido a que se le vetó el retorno a Castilla.



De esa forma, María mantuvo firmemente sus ideales y creencias hasta las últimas consecuencias de su vida y aunque nacida como noble y “Grande de España” murió en la mas ínfima pobreza. Allí falleció María de Pacheco en marzo de 1531, a 10 años de la derrota comunera en Villalar, y a 9 de la caída definitiva de su querida Toledo y definitivamente de toda la causa comunera.



Tal fue el arrojo y las consecuencias de la rebelión comunera que lideró Maria que ni muerta se la perdono su arrojo y hasta se le negó la sepultura en Villalar junto a su esposo, Juan de Padilla.



Sirva la biografía de María Pacheco como muestra de las mujeres que lucharon y resistieron hasta su muerte por sus ideas en un mundo muy poco idílico y, desde luego, muy poco propicio para las mujeres, y menos aún para las luchadoras como María de Pacheco.



http://www.iniciativacomunista.org/venceremos/spip.php?article326